(Una guía totalmente extraoficial)
Dejémoslo claro: esto no es un consejo médico. Es una sensación que quizá reconozcas. Si has llegado aquí, seguramente ya sospechas la respuesta. Por si acaso, repasemos las señales.
1. Estás cansado, pero dormir no ayuda
Duermes. Te despiertas. Nada cambia. El café ya no da energía: es costumbre. El descanso parece una sugerencia, no una solución.
2. El domingo por la tarde pesa más que el lunes por la mañana
Ya te molesta un trabajo que aún no ha empezado. El mañana te fastidia hoy. A veces, ayer también. Esa sensación de fatalidad ya tiene hueco en tu agenda.
3. Dices «estoy bien» en automático
Incluso cuando nadie ha preguntado. Especialmente cuando alguien sí lo hace. No es una mentira: se ha convertido en la respuesta predeterminada.
4. Tu trabajo se lleva tu mejor energía
Tu concentración. Tu paciencia. Tu capacidad de fingir. A casa llega lo que queda: cansancio, irritación y poca energía. Parece que debería ser al revés, pero ya no tienes fuerzas para discutirlo.
5. No eres perezoso: tu mente está ausente
Te gustaría implicarte, pero ahora mismo no puedes. La motivación no desapareció: la programaron demasiados días seguidos.
6. Las cosas pequeñas te molestan más que las grandes
Correos. Reuniones. Notificaciones. Alguien que dice «una pregunta rápida». No es que estés enfadado: ya no te queda margen.
7. Recuerdas haber sido algo más que esto
Antes te reías con más facilidad, te importaban las cosas más deprisa y pensabas con más claridad. No pasó nada dramático. Simplemente seguiste adelante.
La prueba final
Si has asentido al leer esto más veces de las que has reído, quizá estés agotado. O, como mínimo, funcionando en modo de bajo consumo sin un cargador a la vista.
¿Y ahora qué?
No tenemos todas las respuestas. No vendemos motivación ni solucionamos el agotamiento. Hacemos camisetas para personas que se reconocen en estas palabras. A veces, eso es suficiente por hoy.
Dull Hog. Donde estar cansado no es una fase: queda documentado.